“Voces que trascienden la escena: una charla con Jorge Zelik” por Valeria Guisado

La importancia de una puesta que condensa lo cultural, lo histórico y lo educativo en momentos que trascienden los tiempos de la representación queda plasmada en las palabras del director (y actor), Jorge Zelik, cuando cuenta, entre emocionado y risueño, acerca de uno de los papeles que le tocó encarnar: “Yo me divierto mucho. Me encantaba hacer de Hernández, la reacción del público es maravillosa y eso es lo increíble. Una vez una cordobesa (espectadora) se me puso a discutir en pleno alegato, ella acusaba a mi partido (el de Hernández) de querer quedarse con el dinero del puerto. Y efectivamente yo creo lo mismo, pero yo no era yo, yo era Hernández y ese episodio fue un espectáculo”.

Ese espectáculo, esa interrelación entre personajes históricos y un público actual que se eleva como una suerte de representación a-histórica con un marco ficcional, traduce el corazón de la idea que año tras año se viene poniendo en escena.
Como no puede ser de otra manera, donde el escenario responde a instalaciones de patrimonio cultural, la actuación puede verse en ocasiones modificada.

Condiciones climáticas, ausencia de actores, eventos donde las instalaciones deben ser utilizadas con otros fines hacen que el director deba tener un abanico de diversas posibilidades para hacerle frente a cualquier tipo de situación adversa, tanto es así que Jorge, entre risas, señala: “¡tengo tres o cuatro puestas para cada uno de los actos! Por ejemplo, para el Motín de las Trenzas tengo que tener previsto que pasa si llueve. Bueno, si llueve, lo hacemos en las galerías.”

Una posible enfermedad o un evento inesperado que resulte en ausencia de uno de los actores decanta en readaptaciones de texto o en que el mismo director salga a cubrir el vacío. Así, la exclamación “¡me falta solo hacer de Mariquita!” resume uno de los tantos vericuetos a los que se le hace frente. No contando con suplencias, las formas de palear este tipo de situaciones implican darle más o menos voz a los restantes y, en relación a esto, comenta: “si me quedo sin Mariquita, el texto lo readapto a los otros dos personajes, a Vicente Lopez y Planes y a Blas, les doy más voz a ellos, ellos son los que van a contar la historia. Igual que con el espacio, si por algún motivo no tengo la sala, lo planteo en otro lugar. En definitiva el evento no sucedió ahí, así que no habría problemas.”

Es un apasionado. Se le nota en cada gesto, en cada articulación de la voz, en cada anécdota que disfruta referir, en cada momento de la obra que cuenta trayendo a colación la historia, en cada relación que establece entre el ayer y el hoy.