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“Un Viaje en el Tiempo” por Alternativa Digital

Participe de una sesión en la Sala de Representantes, reviva la época de Rosas, una tertulia Colonial, el Motín de las Trenzas, la expulsión de los Jesuitas y conozca los túneles del siglo XVIII.

Recorrido histórico por la construcción emplazada en el casco histórico de la ciudad que sintetiza 400 años de historia argentina desde el punto de vista religioso, político y cultural, destacando los hechos más trascendentes
que tuvo como escenario.

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“Cobran vida personajes y hechos que nos involucran…” por Mabel Loschiavio

Este lugar cargado de historia y misterio puede ser visitado en un recorrido que a través de la teatralización se detiene en cada uno de los sitios de importancia que lo forman.
En este relato cobran vida personajes y hechos que en el marco del espacio original donde ocurrieron permiten una mejor interpretación, nos involucran, y en una especie de flashback nos encuentra yendo y volviendo del más allá.

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“Voces que trascienden la escena: una charla con Jorge Zelik” por Valeria Guisado

La importancia de una puesta que condensa lo cultural, lo histórico y lo educativo en momentos que trascienden los tiempos de la representación queda plasmada en las palabras del director (y actor), Jorge Zelik, cuando cuenta, entre emocionado y risueño, acerca de uno de los papeles que le tocó encarnar: “Yo me divierto mucho. Me encantaba hacer de Hernández, la reacción del público es maravillosa y eso es lo increíble. Una vez una cordobesa (espectadora) se me puso a discutir en pleno alegato, ella acusaba a mi partido (el de Hernández) de querer quedarse con el dinero del puerto. Y efectivamente yo creo lo mismo, pero yo no era yo, yo era Hernández y ese episodio fue un espectáculo”.

Ese espectáculo, esa interrelación entre personajes históricos y un público actual que se eleva como una suerte de representación a-histórica con un marco ficcional, traduce el corazón de la idea que año tras año se viene poniendo en escena.
Como no puede ser de otra manera, donde el escenario responde a instalaciones de patrimonio cultural, la actuación puede verse en ocasiones modificada.

Condiciones climáticas, ausencia de actores, eventos donde las instalaciones deben ser utilizadas con otros fines hacen que el director deba tener un abanico de diversas posibilidades para hacerle frente a cualquier tipo de situación adversa, tanto es así que Jorge, entre risas, señala: “¡tengo tres o cuatro puestas para cada uno de los actos! Por ejemplo, para el Motín de las Trenzas tengo que tener previsto que pasa si llueve. Bueno, si llueve, lo hacemos en las galerías.”

Una posible enfermedad o un evento inesperado que resulte en ausencia de uno de los actores decanta en readaptaciones de texto o en que el mismo director salga a cubrir el vacío. Así, la exclamación “¡me falta solo hacer de Mariquita!” resume uno de los tantos vericuetos a los que se le hace frente. No contando con suplencias, las formas de palear este tipo de situaciones implican darle más o menos voz a los restantes y, en relación a esto, comenta: “si me quedo sin Mariquita, el texto lo readapto a los otros dos personajes, a Vicente Lopez y Planes y a Blas, les doy más voz a ellos, ellos son los que van a contar la historia. Igual que con el espacio, si por algún motivo no tengo la sala, lo planteo en otro lugar. En definitiva el evento no sucedió ahí, así que no habría problemas.”

Es un apasionado. Se le nota en cada gesto, en cada articulación de la voz, en cada anécdota que disfruta referir, en cada momento de la obra que cuenta trayendo a colación la historia, en cada relación que establece entre el ayer y el hoy.

Temporalidades y espacialidades en “Un viaje en el Tiempo…” por Valeria Guisado

La sucesión de espacios y tiempos que forman parte de Un viaje en el tiempo, en la mítica Manzana de las Luces, establece una construcción en donde se engloban los vínculos actor/público y espectador/espectáculo; hasta convertirse en una sola entidad espacial donde el lugar –individual o múltiple – de la acción escénica propone determinadas relaciones con los espectadores que la contemplan.
A su vez, el tiempo se constituye como memoria, como una memoria activa que siembra la semilla del acontecimiento tratando de “prender” en el espectador.

Los relatos no se cierran, cuentan un instante, evocan el pasado y entrando así en juego el papel didáctico y educativo que invita al espectador a seguir nutriéndose de historia, a investigar, a ir más allá de lo que está sucediendo ante sus ojos.
La propuesta surge de la mano de Jorge Zelik, su director, y desde hace varios años se está representando con un notable impacto en la comunidad. Así, este lugar cargado de historia y misterio puede ser visitado en un recorrido que a través de la teatralización se detiene en cada uno de los sitios de importancia que lo forman.

Se inicia el recorrido por la Sala de Representantes donde se recrea el apasionado debate entre Leandro Alem y José Hernández por la capitalización de Buenos Aires. En este primer espacio el público se sienta en las butacas de los mismos representantes junto a los actores que interpretan tanto a Alem como a Hernández de forma tal que el público es no solo espectador de la obra sino que es parte integral de la representación en sí misma produciéndose una ruptura espacial que entra en relación directa con el fin último de la obra que es la cuestión educativa.

El Presidente lee las actas y con este procedimiento se ubica temporalmente el acontecimiento, el mismo sucede en 1880 y le da la palabra a Alem.
Una vez que éste culmina con su discurso aparecen sonidos que simulan aplausos y gritos que viene desde las gradas superiores, como si allí mismo (arriba a la espalda del publico espectador/participante) hubiese más gente e inclusive el presidente se dirige con su discurso hacia aquel lugar incorporándolo a escena y haciéndolo participe de manera que el espectador se encuentra situado en el centro mismo del espacio donde la ficción se está llevando a cabo siendo rodeado así de la obra misma y siendo parte esencial de ésta.

La vestimenta es sencilla, son simples tapados y camisas con algún adorno que simula un jabot. En definitiva, no es lo que importa.
El interés se halla puesto en la teatralización en sí con fines educativos (al fin y al cabo es una forma diferente de visita guiada), en el espacio como lugar de la percepción, donde se multiplican las voces que se evocan desde un pasado histórico que tiene su ser en las mismas entrañas del edificio, dado que es allí mismo donde estos hechos ocurrieron, donde esos ecos fantasmales no dejan de cobrar vida en esta nueva forma de manifestar en acontecimiento.

En este espacio presente y ficcional conviven las voces del ayer y del hoy, conviven actores y espectadores, la vida cotidiana de un pasado histórico y la vida cotidiana de un presente de domingo a la tarde paseando con familia, y así es que las multiplicidades entretejen redes que no dejan de referir en todo momento los unos a los otros (y viceversa).

El acto termina, se retiran los tres personajes del recinto para aparecer nuevamente ya representando otros personajes en lo que ahora sí funciona como el escenario del lugar (propiamente dicho): allí paisano vestido de rojo, comienza monologando contextualizando nuevamente a través del discurso y la palabra representada que se la a mezclar con una voz en off que explica el hecho produciendo así nuevamente la mixtura de voces. La escena, que evoca la época de rosas y La Mazorca, se concentra en un dialogo breve teñido significativamente del color rojo traído a escena en representación del tema a través del vestuario de los personajes.

Al utilizarse en mismo espacio pero cambiar los escenarios cambian también las funciones del público, que en esta escena ya no se configura como auditorio actuante sino que queda sumido en su rol de espectador.
Termina el acto e ingresa un personaje femenino – de quién se descubrirá más tarde que su nombre es Sofía – vestida acorde a la época, con un denotado acento francés (lo que remite inmediatamente al aluvión inmigratorio en el que se vio envuelto nuestro país). Sofía fue la persona que al ingresar a la Sala de Representantes corto los tickets de entrada y, es la misma, que en este momento de la representación, cuenta mínimamente el contexto e invita al público a seguirla hacia otro de los espacios donde seguirá este viaje en el tiempo. Ella resulta en el vínculo espacial entre los escenarios (también oficiará de guía entre espacios en los siguientes acontecimientos) al tiempo que conjuga los dos tiempos: el pasado y el presente; la inmigrante y la guía.

Siguiendo con la temática plateada, accedemos a la Sala Maza, lugar donde es asesinado Manuel Vicente Maza (1839), ya que se sospechaba que conspiraba contra Rosas. El primero de una serie de crímenes llevados a cabo por La Mazorca en un intento de acabar con todos los posibles enemigos de Juan Manuel de Rosas. Una vez llevado a cabo el asesinato, aparece – como un espectro – Sofía, quien llevando a cabo sus funciones de guía cuenta un poco más de la historia y vuelve a solicitar que se la siga (siendo el publico en este punto un mero espectador) quedando Vicente yaciente sobre el escritorio – en un tiempo congelado – mientras el espectador camina a su lado.

Luego, en la Sala de las Arañas, con Mariquita Sánchez de Thompson, Blas Parera y Vicente López y Planes, el tiempo se retrotrae a 1809/1810, donde un salón de baile despliega su encanto a través de copas con champagne ofrecidas a un público que nuevamente forma parte de la escena en la cual entre risas y notas efusivas se planea el esbozo de lo que fue el Himno Nacional Argentino para culminar con la interacción de todos los participantes en un Minué.
En el hecho del baile vuelven a converger los dos épocas, el pasado, en tanto personajes e interpretación y el presente, en tanto actrices enseñando los pasos básicos del Minué al público que rodea la sala.

De golpe, la interrupción de un individuo llamado  Miguel (Cané), consulta con Mariquita y con Sofía y propone ir al patío. Así es que todos, público y actores se encaminaran hacia otro espacio (abierto en esta ocasión) donde Miguel referirá anécdotas. Se reproduce su discurso, se habla del Nacional Buenos Aires, de su construcción, los túneles y su utilización por los mismos estudiantes (rateadas), con la intervención de los otros dos personajes femeninos que en una puesta desdoblada están en función de su rol al tiempo que se mimetizan con el espectador.

Entonces, ellas, las mujeres, oficiaran de guías en el hilo conductor que vuelve a unir espacios y tiempos disimiles y atravesando espacios e historia.
Los patios empedrados se constituyen en escenario, se explica todo lo referido a las construcciones emblemáticas que allí están. De golpe, el tiempo se suspende y aparece otra puesta con el rechinar de botas de los soldados del regimiento de Patricios, sublevados en torno a la admiración por Saavedra reemplazado en el mando por Belgrano, insurrección castigada con prisión y trenzas cortadas (Motín de las trenzas) donde el público funciona nuevamente en duplicidad: es a la vez de espectador y soldado dado que a él se dirige como si fuera parte del regimiento quien representa a Belgrano.

El cambio entre una escena y otra en estos momentos se da por la intervención discursiva de las mujeres ya que la representación termina unida al despliegue oratorio acerca de la Iglesia de San Ignacio Loyola y la expulsión de los jesuitas.

Se revive la expulsión de los Jesuitas (1767), y finalmente se atraviesan túneles evocándose voces y ecos históricos, desde piratas que contrabandean hasta prisioneros del Alto Perú, que concluyen en forma de redes que atraviesan a cada espectador en tanto individuo que vive en el país atravesado por la historia, una historia contada en forma de representación, conectada por hilos narrativos y representativos que adquieren su completud en el final del recorrido que termina siendo en el epicentro de las diferentes variables que tenían los túneles, conformadas a su vez como otras redes que decantan en diferentes espacios de la ciudad, homologando la concepción de una puesta en escena que se imbrica en diferentes espacios y tiempos siendo atravesados tanto por el público como por los actores.

Resulta, de este modo, una unidad estética que confluye en el punto culmine de la última de las narraciones poniendo en primer plano como los elementos del espectáculo se terminan vinculando hasta formar una totalidad, donde los ejes de espacio y tiempo son las raíces de una acción teatral educativa que – a través de palabras y un lenguaje corporal – posibilitan la creación de una ficcionalización.

Con un memorable final que no hace sino referir a los misterios que transitan en los túneles, a ese trazado laberintico que sirve a diferentes fines, con estos personajes que pasan vertiginosamente, como ráfagas entre todos los presentes, apropiándose de los espacios, trepando a ellos, nos despiden.
Nos saludan las palabras de Sofía aludiendo en coherencia con la luz de una lámpara que se apaga, una obra que llega a su fin, unas vidas que se detienen, que se suspenden en el tiempo y en el recuerdo de los que pudieron presenciarlas, unos personajes que en las entrañas mismas del edificio histórico van desapareciendo, se van transformando en vientos, en fantasmas, porque en definitiva eso es lo que son: espectros visibles en ese día especial, todas apariciones que nos envuelven como las luces de antorchas de un tiempo pasado que se reflejan en sus pupilas, como los halos de vida que corren incansablemente por los túneles.